Por Daniel Caram

Pare la mano señor

Opinión del Director - 21/03/2017

En este espacio comúnmente nos referimos a cuestiones nuestras, locales. Pero las excepciones se marcan cuando los sucesos y/o circunstancias superan cualquier razonamiento serio.

 

La desafortunada frase de Mauricio Macri, nuestro Presidente, debería llamarnos a la reflexión absoluta, más aún cuando el sector involucrado implica compromiso histórico con la vida misma de todos los argentinos.

 

Y faltarle el respeto a la escuela público es el límite.

 

Al presentar los resultados del programa Aprender, este mediodía en Olivos,  cuando el mandatario estaba hablando sobre la comprensión de textos en chicos de sexto grado y la diferencia de resultados entre los alumnos de las escuelas públicas y los de escuelas privadas Macri apuntó a una terrible inequidad entre “los que pueden ir a escuela privada y aquel que tiene que caer  en la escuela pública”.

 

O sea, para Macri es “la degradación, el descenso, la caída”, el concurrir a una escuela pública.

 

Claro, por eso es impensado hablar de un cambio paradigmático en la educación pública nacional.

 

“Y lo dije el 1° de marzo, que nuestra tarea es que todos los chicos, nazcan donde nazcan, tengan las mismas oportunidades”, recalcó, en un mensaje que obviamente ya tuvo (y tendrá) infinidad de comentarios.

 

Es que para los que ya pintamos canas desde hace algunos años, la escuela pública
es sencillamente “la escuela”… no había “opción”, y no solo porque significaba evitar una erogación para nuestros padres, sino porque hace algunas décadas era impensado tener que “pagar” para ser mejor educados.

 

Aun así, en esa inequidad irrefutable, la escuela pública es el sostén absoluto de un sistema relegado por políticas nefastas que es necesario cambiar… ¿pero con éste pensamiento?.

 

Pensar en un furcio de Macri no es raro, habida cuenta de su particular conducta ante los medios (no hay que olvidar el enorme error ante Mirtha Legrand, cuando dejó en claro su desconocimiento sobre lo que gana un docente).

 

Las caídas siguen… y éstas duelen.

 

Quien esto escribe es alguien que orgullosamente “cayó” en la escuela pública. Mi honra (y la de muchos) a quienes la sostuvieron y sostienen…


Pare la mano, señor Presidente… Trate de no caer de nuevo.